martes, 4 de marzo de 2014

El oso que no lo era




ilustración de Frank Tashlin para El oso que no lo era

Cuando les entregué este libro a los lectores del Miniclub, me miraron de soslayo, casi con animadversión diría yo, y es que los niños no miden lo que van a leer por su calidad sino por su peso (de este tema ya hablaremos otro día)

Su evolución lectora está recién estrenada y yo les doy un libro de 64 páginas, se les nota en la mirada de reojo que están pensando "¡está loca! ¡me ha dado un libro de mayores!". Y seguramente con cualquier obra habrían acertado. Pero no con El oso... porque estamos ante de un gran clásico de la literatura infantil.

Editado por primera vez en 1946, nace de la pluma de un gran desconocido que sin embargo muchos de nosotros conocemos pues, como gran artista, fue polifacético. 
Ilustrador de tiras de humor, se rumorea que fue gagman (creador de situaciones cómicas) en varias de las películas de la factoría Disney de los años 50. Más tarde se convertiría en director y guionista de algunas de las películas más relevantes de Jerry Lewis y Dean Martin.



¿Porqué este libro les ha cautivado? Será su estructura simple y reiterativa, tan bienvenida en sus primeros pasos como lectores, Será que plantea una situación tan absurda que resulta cómica, tan acorde con su propio sentido del humor, seguramente sea todo esto, pero hay más... un libro infantil se convierte en un clásico cuando el texto se combina con una ilustración sencilla en la que se refleja la vida del oso contrapeada con la escena llena de detalles en la que se enmarca la acción de los hombres. Los niños son capaces de intuir la crítica voraz a esta maquinaria en movimiento perpetuo que es el capitalismo. Cuántas veces no habrán sentido lo mismo que el oso, que a fuerza de escuchar siempre lo mismo termina por creerlo.

Y así como el oso sabe que el invierno no va a tardar en llegar, los niños saben que están ante uno de sus libros favoritos.






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