miércoles, 19 de marzo de 2014

Garbancito



A Garbancito le encantaría ser un poco más grande para que el tendero le oiga mejor. A sus primos Yyoké y Pulgarcito también les gustaría que los milímetros se convirtieran en centímetros.
A los demás nos alegra que el tamaño de estos seres diminutos, sea el que es, pues permiten que nuestra imaginación llegue muy lejos pesando muy poco...
Nils Holgerson, es un buen ejemplo de ello. Un niño "que no vale para maldita la cosa" en su tamaño original, pero que recorre Suecia y vive las mayores aventuras cuando alcanza el tamaño de un dedo meñique.

Así es como si te asomas a la mirilla verás trabajar frenéticamente a los Oompa Loompa, y si te caes de un carrito siendo bebé, seguramente acabes en brazos de Campanilla...












¿Por qué lo enanísimo nos gusta tanto?

Será porque el ser humano siente por lo pequeño lo que olvida cuando se hace  grande: lo pequeño, crece con nosotros.




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